Al comienzo de la clase, todos los niños tuvieron que tomar sus cosas y llevarlas a la biblioteca, ya que se tomarían exámenes de admisión en el colegio y se ocuparía su sala, que era una de las más grandes que tenía el colegio. Ya ubicados en la biblioteca el profesor les volvió a repasar los puntos cardinales, dibujando en el pizarrón las salas del colegio y preguntándoles en qué punto cardinal se ubicada cada una de ellas. El profesor debía continuar tomando evaluaciones a los alumnos que se habían ausentado la semana anterior. Ocupó casi todo el borde del gimnasio con el circuito, y el centro quedó libre para que los demás niños pudiera jugar libremente. Finalmente el profesor ocupó toda la hora en tomar la prueba a no más de 5 niños. Al final de la clase el profesor nos comentó que el día siguiente el no estaría, y que le dejaría la actividad que debían realizar a la profesora y nos explicó en qué consistía.
Al día siguiente el profesor no fue al establecimiento y la profesora de los niños nos estregó una hoja con la planificación de la clase que debíamos realizar, y le consultamos si el profesor le había explicado la actividad principal que debíamos hacer, y ella nos comentó que él no le había dicho nada. Para nuestra sorpresa, la planificación de esa clase era la misma que nos había pasado la semana pasada cuando él se tuvo que retirar para asistir a una actividad del colegio. Con mi compañero llegamos al acuerdo de que debíamos improvisar para sacar adelante la clase. Luego de salir al patio la inspectora nos comentó de que no podíamos ocupar el gimnasio porque se había roto un vidrio y lo iban a sacar para colocar uno nuevo, y que debíamos trabajar lo más alejados del sector para evitar cualquier accidente ya que iban a caer los vidrios al suelo. Comenzamos a realizar la clase y un rato después empezaron a caer los vidrios, por lo que debimos delimitar el espacio que podían utilizar los niños. La mayoría estaba atento a cómo caían los pedazos de vidrio al suelo y como se rompían. Por suerte esto no llevó más de 10 minutos, pero muchos niños pasaban del espacio y le debíamos llamar la atención reiteradamente.
En el desarrollo de la clase implementamos juegos acorde a la temática correspondiente a la unidad que están viendo los niños en clases , en donde tomamos algunos juegos ya revisados la clase pasada e inventamos otros que tuviera pertinencia con los contenidos que se están revisando , cabe destacar que es una tarea compleja para los niños ubicarse en el espacio (Marchesi,1983) , más aun en relación a los puntos cardinales y tenerlos presentes por lo que se dificulta la tarea al momento de elegir e implementar la actividad. La parvularia que está con ellos optó por castigarlos, y si pasaban de la línea los dejaba sin hacer educación física. Nosotros no estamos muy de acuerdo con esta medida, ya que alrededor de tres niños que quedaron sentados en una banca sin hacer nada por un rato.
Reflexionando al finalizar la clase comentamos lo contraproducente del castigo impuesto a los niños más desordenados, puesto que si nuestro objetivo es que nuestros alumnos aprendan cómo es posible que los dejemos fuera de la clase que es el lugar y momento propicio para generar aprendizaje en estos, sinceramente lo encontramos inaudito y es un tema que revisaremos cuando nos llegue el momento de implementar nuestro proyecto de intervención para buscar alternativas que sean más pedagógicas y vayan en función del aprendizaje de nuestros alumnos.
Luego de que terminó el asunto de los vidrios retomaron la clase. Al final de la clase como nos quedó un poco de tiempo los enviamos a la sala y ahí les hicimos un cierre de la clase, preguntándole que cosas habían visto y que cosas les habían gustado o disgustado. Un niño, Lucas, comentó que no le había gustado una actividad por culpa de otro compañero, Augusto. Comenzó diciendo que siempre arruinaba todo y que era un niño torpe y tonto y que siempre hacía todo mal. Pasó bastante tiempo hablando mal sobre su compañero, y ambos escuchando y mirando al pobre Augusto que cada vez tenía peor cara. Dentro de la sala estaba la profesora jefe, la cual le llamó la atención a Lucas sobre lo que estaba diciendo sobre su compañero y diciéndole que él no era perfecto y que también a veces hacía cosas inapropiadas. Para intentar calmar un poco el asunto le comentamos a los niños que en los trabajos en grupo debían todos respetarse entre sí, ya que todos tenían distintas opiniones y eran muy diferentes entre sí, y que como algunos tenían ciertas debilidades también tenían fortalezas, y no sólo Augusto sino todos ellos. Así algunos comentaron que se portaban mal en su casa e incluso que se hacían pipi en la cama. Así le pudimos sacar una sonrisa a Augusto.
“El castigo más frecuente no se asocia con mejor conducta, en verdad, tanto el castigo físico como verbal (reprimendas) pueden incrementar las propias conductas (desobediencia, agresión) que los padres, maestros y otras personas desean suprimir. Por desgracia el viejo adagio “dispense la vara y eche a perder al niño”, todavía tiene muchos adeptos, esto es desafortunado porque también podría sostenerse una sentencia opuesta…” (González)
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